El sebo humano —la secreción lipídica propia de la piel— se compone principalmente de triglicéridos, ácidos grasos, ésteres de cera y escualeno. Los aceites botánicos prensados en frío contienen las mismas familias de lípidos. Por ello, la piel no los trata como sustancias extrañas que requieran mecanismos de transporte activo: se integran en la matriz lipídica existente de la piel mediante difusión pasiva, siguiendo las mismas vías que la piel utiliza para sus propios lípidos.
Las cremas hidratantes sintéticas funcionan de manera diferente. Los compuestos de silicona —dimeticona, ciclometicona— forman una película sobre la superficie del estrato córneo que impide la evaporación del agua y crea un efecto alisador. No son biocompatibles en el mismo sentido; no se integran con los lípidos de la piel, sino que se depositan sobre ellos. Esto produce una mejora sensorial inmediata, pero no modifica la estructura de la barrera cutánea.
La diferencia práctica: Cuando un aceite prensado en frío se absorbe, contribuye a la estructura de la bicapa lipídica de la barrera cutánea, integrándose literalmente en el material de dicha barrera. Al aplicar un formador de película sintético, la barrera subyacente permanece prácticamente inalterada; la película se evapora o se elimina con el lavado, y la piel vuelve a su estado inicial.
Un estudio publicado en Dermatología y Terapia (2018) Se descubrió que los aceites prensados en frío mejoran la función de barrera de la piel y la hidratación de forma significativamente mayor que las cremas hidratantes sintéticas con el tiempo, un hallazgo que coincide con la hipótesis de la integración lipídica.


